Kant, Immanuel

De Wikibello.wiki
Saltar a: navegación, buscar
Immanuel Kant (1724-1804)
Kant.jpg
Ficha
Nacionalidad Alemana
Fecha de Nacimiento 22 de abril de 1724
Fecha de Defunción 12 de febrero de 1804 Latin cross.png
Intereses principales Idealismo trascendental. Su extensa obra y en particular sus tres críticas -de la Razón Pura, de la Razón Práctica y del Juicio- revolucionaron el pensamiento europeo.
Influencias Wolff, Hume, Newton, Descartes, Aristóteles
Influenció a Hegel, Fichte, Schelling, Wittgenstein, John Rawls
Ideas notables Imperativo Categórico e Hipotético, Juicios analíticos y sintéticos
Universidad Universidad de Königsberg

Biografía[editar]

Immanuel Kant, considerado por muchos el filósofo más importante de la Modernidad, nació en la ciudad de Königsberg (por entonces la segunda ciudad del reino de Prusia; hoy perteneciente a Rusia con el nombre de Kaliningrado) en 1724. Fue educado en un ambiente luterano. Estudió a los clásicos en su formación inicial, y Física y Matemática en la universidad. El fallecimiento de su padre lo obligó a trabajar como profesor particular, por lo que demoró unos años en obtener el título de Doctor en Filosofía. Una vez recibido se abocó a la tarea docente en la Universidad de Königsberg. Allí se desempeñó como Profesor de Matemática, Ciencias y Filosofía, pero recién en 1770 fue nombrado Profesor Titular de Lógica y Metafísica. Con la publicación de la Crítica de la razón pura ganó fama rápidamente. El tono racionalista de sus reflexiones teológicas llevaron al rey Federico Guillermo II de Prusia a prohibirle enseñar o escribir sobre el tema (1794). El filósofo respetó esa orden hasta la muerte del rey. Kant era físicamente débil, pero vivió muchos años gracias a su metódico régimen de vida. (Se dice que sus vecinos ponían los relojes en hora al verlo pasar.) Falleció en su ciudad natal, en 1804, sin haber salido nunca de los límites de su provincia.

Entre sus obras se destacan la Crítica de la razón pura (1781), los Prolegómenos a toda metafísica del futuro (1783), la Fundamentación de la Metafísica de las Costumbres (1785), la Crítica de la razón práctica (1788), la Crítica del juicio (1790) y La Religión dentro de los límites de la mera razón (1793). La lectura de sus obras presenta dificultades por la complejidad de los temas tratados y por los tecnicismos que utiliza el autor.

Kant se formó en el racionalismo de Wolff, pero —según sus propias palabras— despertó de su "sueño dogmático" al leer a Hume. El empirista inglés lo hizo caer en la cuenta de que las afirmaciones y reflexiones de su metafísica racionalista carecían de fundamento sólido. Conceptos centrales como los de "substancia" y "causalidad" quedaban, luego de la crítica a la que los sometía Hume, reducidos a mera costumbre.

Kant no podía adherir sin más al empirismo pues éste sostenía que fuera de la Lógica y la Matemática (que realizan juicios analíticos, en los que el predicado está implícito en el sujeto —por ejemplo, «El triángulo tiene tres lados»—) era imposible realizar juicios a priori (independientes de la experiencia) necesarios y de validez universal. De este modo negaba la posibilidad de lograr nuevos conocimientos, ya que los juicios analíticos no amplían el saber sino simplemente explicitan lo ya sabido. Los juicios sintéticos (por ejemplo, «La mesa es azul») —según Hume— sólo son posibles a posteriori y, si bien nos permiten adquirir nuevo conocimiento, el conocimiento que nos brindan no tiene validez universal.

Con la mirada puesta en la física newtoniana, Kant afirmaba que, además de los juicios analíticos a priori y de los juicios sintéticos a posteriori, también eran posibles los juicios sintéticos a priori. Justamente la Ciencia, cuyo ideal es ampliar nuestros conocimientos, busca juicios sintéticos universales y necesarios. Kant no se preguntaba si semejante pretensión estaba justificada porque Newton ya había demostrado que sí. Lo que hizo fue indagar en las "condiciones de posibilidad" de dichos juicios.

Kant superó el racionalismo y el empirismo enfocando desde otro punto la cuestión del conocimiento. A este cambio se lo llama "giro copernicano" o "revolución copernicana". Así como Copérnico revolucionó la Astronomía al sostener que no era la Tierra el centro alrededor del cual giraban los cuerpos celestes sino que era el Sol el astro alrededor del cual giraban la Tierra y todos los planetas del sistema solar, al estudiar la relación objeto-sujeto, que se encuentra a la base del problema gnoseológico, a diferencia de sus predecesores, Kant puso en el centro al sujeto. Él sostenía que los filósofos anteriores (racionalistas y empiristas) habían puesto el acento en el objeto de conocimiento: discutían sobre qué conocemos. Unos afirmaban que conocemos ideas por medio de la razón y otros fenómenos a través de los sentidos; pero ambos coincidían en que conocer es reproducir las cosas de un modo pasivo, receptivo, dejándose impresionar por ellas. Kant decía que el centro del problema no era qué conocemos (pregunta por el objeto) sino cómo conocemos (pregunta por el sujeto). Según Kant, el sujeto no encuentra el objeto de conocimiento sino que lo construye, es un "sujeto activo".

El conocimiento requiere de la presencia de dos factores: por un lado, la razón (forma) independiente de la experiencia, la cual posee las formas y categorías a priori que son condición de posibilidad del conocimiento y sin las cuales las meras impresiones serían "ciegas"; por otro lado, las impresiones (materia), sin las cuales las formas y categorías de la razón permanecerían "vacías".

La razón está constituida por las "formas a priori de la sensibilidad" (espacio y tiempo), las "categorías del entendimiento" —relativas a la cantidad (unidad, pluralidad y totalidad), a la cualidad (realidad, negación y limitación), a la relación (substancia/accidente, causa/efecto y reciprocidad) y a la modalidad (posibilidad, existencia y necesidad)— y las "ideas de la razón pura" (alma, mundo y Dios).

El espacio, el tiempo, la causalidad, y la substancia, no son propiedades de las cosas tal como son en sí mismas, con independencia del sujeto que las conoce. Por el contrario, es el propio sujeto el que dota al objeto de estas formas que él posee a priori, con independencia de la experiencia y como condición de posibilidad de toda experiencia. Por lo tanto, el objeto de conocimiento no es el noúmeno (la cosa en sí misma) sino el fenómeno, que construye el sujeto a partir del "caos de sensaciones" (o "rapsodia de impresiones") que le aporta la experiencia, ordenándolo según sus formas y categorías a priori.

Kant concedía a los empiristas que todo conocimiento comienza con la experiencia. Sin el aporte de la experiencia, las formas de la razón permanecerían vacías. Pero agregaba que no todo el conocimiento proviene de la experiencia, ya que sin lo que el sujeto aporta —y que posee con independencia de toda experiencia— el conocimiento no sería posible. De este modo marcaba también límite dentro del cual el conocimiento es posible: no cabe preguntarse por las cosas mismas. (Por esto algunos dicen que con Kant terminó la Metafísica.) Las ideas de la razón pura (Dios, alma y mundo) permanecen vacías, porque no tenemos impresiones que las doten de contenido. De todos modos, se debe aclarar que Kant no presenta a estas ideas como carentes de sentido o caprichosas. La razón, por su propia naturaleza, tiende a realizar síntesis cada vez más abarcativas y en esta tendencia va más allá de lo que la experiencia nos da, y de lo que puede llegar a darnos, e intenta construir la síntesis última: las ideas de alma (síntesis de todos los actos del sujeto), mundo (síntesis de todos los fenómenos) y Dios (síntesis de todos los objetos del pensamiento).

Al tratar la "razón práctica" (la razón que determina la acción del hombre), Kant también defiendía la autonomía del sujeto. Él sostenía que la conciencia moral es el reino de lo que debe ser, en oposición a la Naturaleza, que es el reino del ser. “Las leyes son, o leyes de la Naturaleza (leyes por las cuales todo sucede), o leyes de la libertad (leyes según las cuales todo debe suceder). La ciencia de las primeras se llama ‘Física’; la de las segundas, ‘Ética’.” Mientras en la Naturaleza impera la necesidad, la causalidad, en la conciencia moral encontramos un imperativo categórico que manda a un sujeto libre, que puede o no obedecer. El imperativo es "categórico" («Debes trabajar») y no "hipotético" («Si quieres sentirte útil, tienes que trabajar»), porque este último depende de una circunstancia (que yo quiera o no sentirme útil). El imperativo moral manda más allá de cualquier circunstancia o situación concreta.

Como el hombre no es sólo racional sino también sensible, al actuar no se halla sólo bajo el dominio de la razón sino también del de las inclinaciones. Por eso al hombre el buen obrar se le presenta como un deber, una obligación, una exigencia muchas veces opuesta a sus inclinaciones. Y justamente en la medida en que el hombre actúa por deber, su obrar es moralmente bueno. Porque el valor moral de una acción no depende de lo que se pretenda lograr con ella sino del principio o "máxima" por el cual se la realiza.

Kant formuló el imperativo categórico de diversas maneras (no opuestas, sino complementarias). De ellas cabe destacar dos: «No obres nunca sino de manera que puedas querer que la máxima que rige tu obrar se transforme en ley universal.» (No busques privilegios, ley privada, ni excepciones. Piensa qué pasaría si todos obrasen del mismo modo. No hagas lo que no te gustaría que otros hicieran.) «Obra de tal modo que uses a la humanidad —tanto en tu propia persona como en la persona de cualquier otro— siempre como un fin, nunca como un medio.»

En cuanto a la posibilidad del bien supremo (moralidad + felicidad), Kant afirma que es necesario postular la inmortalidad del alma y la existencia de Dios. Porque “no hay el menor fundamento para establecer una conexión entre la moralidad y la felicidad […]. Sin embargo, en el problema práctico de la razón pura, es decir, en el trabajo enderezado hacia el supremo bien, se postula esa conexión como necesaria: debemos tratar de fomentar el supremo bien (que, por tanto, tiene que ser posible). Por consiguiente, se postula también la existencia de una causa de la Naturaleza toda, distinta de la Naturaleza y que encierra el fundamento de esa conexión, esto es, de la exacta concordancia entre la felicidad y la moralidad”. Dios, incognoscible para la razón pura teórica, aparece ahora como un postulado de la razón práctica necesario para afirmar la posibilidad del sumo bien. Kant no ignora que no siempre quien obra bien es feliz. Por eso, para poder afirmar que, en definitiva y más allá de las circunstancias, quien obre moralmente será feliz y quien no lo haga no, necesita postular tanto la inmortalidad del alma como la existencia de un Dios justo. En la vida posterior a la muerte será Dios quien garantice esa conexión.


Influencias recibidas por Kant[editar]

En la época de Kant, existen en Europa diferentes corrientes ideológicas y filosóficas, algunas diametralmente opuestas a otras. Se trata del empirismo británico, representado por Locke y Hume, que defendía que la experiencia es la verdadera fuente de conocimiento. Por el contrario, el racionalismo nacido en la Europa continental de Descartes o Leibniz señalaba a la razón como única fuente de conocimiento verdadero.

En su fase precrítica (hasta 1861), Kant recibió las enseñanzas racionalistas del filósofo Wolf, y el ideario de la Ilustración. Pero al conocer la obra de Rousseau, toma conciencia de que el progreso de las artes y las ciencias (defendida por los ilustrados como Voltaire) no significaban ningún progreso moral para los hombres. Por último, Hume le saca de su sueño dogmático racionalista, y le induce una nueva línea de pensamiento que va a originar su filosofía crítica.

Como consecuencia de esta encrucijada de teorías y diferentes visiones de la realidad surgirán los problemas que Kant trate de resolver en sus Críticas.

El conocimiento (Crítica de la razón pura)[editar]

Además de la pregunta de ¿Qué puedo saber?, Kant tiene otras inquietudes más particulares, como descubrir por qué la Metafísica no dispone de unas leyes universales semejantes a las de Newton para la física, o tan siquiera si es posible descubrirlas. No duda en declarar que la validez de la ciencia newtoniana es un hecho indiscutible, que llama el hecho de la razón pura.

Ahora bien, para justificar la validez de la ciencia no sirven por sí solas ni la teoría racionalista ni la empirista, y lo demuestra definiendo dos tipos diferentes de juicios:


  • Juicios analíticos, o a priori, son aquellos en los que el predicado está incluido en el sujeto. Tienen forma de definición: “la velocidad es la medida espacio por unidad de tiempo”. Estos juicios son universales y necesarios, es decir independientes de la experiencia.
  • Juicios sintéticos, o a posteriori, son los que unen el concepto de sujeto con un predicado que no está incluido en el mismo sujeto. Tienen forma de descripción: “El vidrio está compuesto por átomos de sílice en forma amorfa”. Estos juicios son particulares y contingentes, ya que su validez depende de la experiencia sensible.

El racionalismo de Leibniz sostenía que el discurso científico estaba compuesto de juicios analíticos (razón). Sin embargo Kant contesta que de ser así, la ciencia no sería un conjunto de tautologías, porque un juicio analítico no es más que una tautología, y no aporta ninguna información ni utilidad nueva.

Por otra parte, el empirismo de Hume afirmaba que la ciencia se fundamentaba en los juicios sintéticos (experiencia). A lo que Kant contesta que en ese caso no se tratarían más que simples costumbres o apreciaciones sin ningún carácter necesario ni universal, que es lo que persigue la ciencia.

Por lo tanto el hecho de la razón pura no se constituye de ninguno de estos tipos de juicios, sino por un tercer tipo de juicios que sean universales y necesarios y al mismo tiempo interrelacionen unos conceptos con otros, aumentando el conocimiento. Para reunir estos atributos, estos nuevos razonamientos deben ser originados por la experiencia y también por la razón. A este tipo de juicios los llama Kant juicios sintéticos a priori.

El conocimiento sensible[editar]

Para resolver la aparente contradicción que suponen los juicios sintéticos a priori, Kant comienza analizando la Estética, que es la parte de la Filosofía que estudia el conocimiento sensible.

Siguiendo a Hume, Kant afirma que el principio de todo conocimiento son las intuiciones empíricas. Éstas constan de dos componentes:

  • Un conjunto caótico de sensaciones que el individuo recibe de la realidad exterior.
  • La propia sensibilidad del receptor.

El conjunto de sensaciones que constituyen el elemento exterior o experimental de la intuición empírica, Kant lo denomina noúmeno (en contraposición al fenómeno que luego explicaremos).

En cuanto al componente aportado por el sujeto (la sensibilidad) no es otra cosa que la capacidad del individuo para asimilar y organizar el caos de sensaciones enviadas por el noúmeno. Los elementos de la sensibilidad se llaman intuiciones puras, ya que están presentes en la mente de forma necesaria y con anterioridad a las sensaciones externas, y por lo tanto pueden ser llamadas también formas a priori de la sensibilidad.

La intuición empírica sólo se conforma a través de la sensibilidad (elemento aportado por el individuo), de manera que el objeto real u objeto “en sí” no puede ser conocido, es incognoscible. Sólo se puede conocer el objeto “para mí”, una vez procesado por la sensibilidad.

Explicándolo de otra manera diríamos que el noúmeno envía un torrente de información en forma de sensaciones, que el individuo recibe a través de los sentidos y que examina por medio de las formas a priori de la sensibilidad.

Una vez superado este primer proceso, quedan conformadas las intuiciones empíricas, que son la imagen que todos tenemos de las situaciones que nos rodean, y que determinan los verdaderos objetos de conocimiento, que Kant llama fenómenos sensibles.

Kant afirma que los elementos a priori de la sensibilidad son el espacio y el tiempo. Los considera como parte de la sensibilidad, en vez de reconocerlos como datos procedentes del noúmeno, porque carecen de definición propia. El espacio y el tiempo (las cuatro dimensiones de la sensibilidad) no pueden ser percibidas sin una referencia exterior sobre la que proyectarse. Esta teoría explica el hecho de que si a una persona se le priva de cualquier referencia temporal, perderá la noción del tiempo. Otro tanto sucedería si pudiéramos privar a alguien de referencias espaciales.

No obstante, las formas a priori de la sensibilidad no son subjetivas, a pesar de que existan en la mente del sujeto, sino que son iguales para todos los individuos. Al no ser elementos objetivos ni subjetivos, Kant les aplica una nueva calificación: son formas trascendentales. La prueba de que las formas a priori de la sensibilidad son comunes a todas las mentes, es que las Matemáticas (cuya validez como ciencias es innegable) se basan en las medidas del espacio y el tiempo, y tienen el mismo significado para todos los individuos y todas las culturas.

De esta forma queda resuelta la incógnita de por qué son posibles las Matemáticas como ciencia universal. En el siguiente apartado, Kant investigará sobre la naturaleza de la Física.

El conocimiento intelectual[editar]

Una vez que ya ha estudiado la Estética trascendental, que explicaba la manera en que se forman los fenómenos sensibles, Kant comienza a investigar la Analítica, que es la parte de la filosofía que estudia el conocimiento intelectual o inteligible.

Partiendo de las conclusiones del capítulo anterior, los objetos de todo conocimiento son los fenómenos sensibles. Pero éstos no sirven para la ciencia formal, ya que no tienen valor universal ni necesario como la ciencia, y en concreto la Física, requiere. Por lo tanto la Física se vale de otros conocimientos básicos que sí son universales y necesarios, y que por eso mismo deben proceder (aunque en parte) de la razón.

Estos elementos son los conceptos empíricos, y su definición está basada en el concepto clásico de idea. Los conceptos empíricos están compuestos a su vez por las intuiciones empíricas, pero ordenadas de nuevo por la razón. En concreto, la parte de la razón que ordena y sintetiza las impresiones empíricas es el entendimiento. Por lo tanto son necesarias unas nuevas formas a priori, que estén presentes en la mente con independencia de la experiencia. Estas formas son las categorías, que interrelacionan unas impresiones empíricas con otras configurando los conceptos empíricos. Las diferentes categorías están basadas en los diversos tipos de juicios enunciados por Aristóteles, aunque con algunas novedades. Las categorías, por lo tanto, pertenecen a la razón y no a la experiencia. Ni la cantidad, ni la pluralidad, ni la causalidad, etc. existen en los noúmeno, sino que son los mecanismos mentales del entendimiento.

Como son formas a priori, al igual que el espacio y el tiempo, las categorías no son subjetivas porque no dependen del sujeto. Son trascendentales: están presentes en la mente de todos los seres humanos de forma universal. La demostración es que la Física, que utiliza conceptos puros (categorías), es posible como ciencia universal y necesaria.

La Metafísica[editar]

Una vez analizado el mecanismo del conocimiento científico, Kant concluye que la Metafísica no es una ciencia. Las razones que da son las siguientes:

Los tres conceptos básicos en que se fundamenta la Metafísica son el Yo (psicología), el Mundo (cosmología) y Dios (teología natural). Para alcanzar un conocimiento sistemático y universal de estas ideas sería necesario que atravesasen el proceso empírico experiencia sensibilidad entendimiento, pero no es posible reducir esas ideas a impresiones empíricas, y por lo tanto no forman fenómenos sensibles y nunca han podido ser objeto de conocimiento científico. Aunque concretamente Dios volverá a ser tratado desde otro punto de vista. Estas tres ideas metafísicas están presentes de manera universal en todas las mentes, pero no pertenecen a ningún grupo de elementos estudiados hasta ahora. Kant los bautiza como ideas trascendentales.

Como las ideas trascendentales no pueden ser objeto de conocimiento científico, la Metafísica no puede ser considerada una ciencia. Históricamente, los filósofos que han intentado elaborar leyes científicas universales basándose en el Yo, el Mundo o el Dios han caído respectivamente en paralogismos, antinomias y argumentos ilógicos, como el de S. Anselmo de Canterbury. Esa es la razón por la cual los filósofos, en vez de avanzar sistemáticamente por el camino señalado por sus maestros, hayan seguido razonamientos divergentes, discordantes e inconcluyentes. La razón de que la Metafísica haya sido considerada una ciencia se debe al afán de la razón pura por sintetizar más allá de lo sintetizable, más allá de lo empírico.

La moral (Crítica de la razón práctica)[editar]

Una vez contestada la pregunta ¿Qué puedo saber?, quedan en el aire los otros dos principales problemas que Kant se había propuesto ¿Qué debo hacer? y ¿Qué me cabe esperar?

Para él estas cuestiones son incluso más importantes que la anterior (aquí está influido por Rousseau). La razón pura o teórica (la ciencia) no debe dejarse libre, porque puede producir tantas mejoras en la Humanidad como inconvenientes. El ejemplo más claro en este sentido es la industria bélica. Es la razón práctica (la ética) la que debe prevalecer sobre la ciencia, dirigiendo el progreso en la dirección adecuada.

Pero ¿quién decide lo que es éticamente correcto o no? ¿Qué es la razón práctica? Kant afirma que en la mente de todos los seres humanos existe la razón en sus dos vertientes: la pura o teórica y la práctica. La razón pura ya la hemos estudiado. La razón práctica dicta a cada persona unas normas de conducta de acuerdo con una ley moral universal que es la expresión de la propia razón. Kant da por hecho la existencia de esta ley como un hecho, el hecho de la razón práctica, de la misma manera que la ciencia era el hecho de la razón pura.

La ley moral universal constituye el elemento a priori de los juicios morales, pero en última instancia es la voluntad la que hace de juez. Por tanto una buena conducta consiste en el grado en que la voluntad sigue los mandatos de la razón práctica.

La ley moral universal tiene, además, carácter de imperativo categórico. Para explicar este concepto tan abstracto hay que hacerlo por contraposición de los dos tipos de imperativos:

  • Los imperativos hipotéticos son aquellas órdenes que es preciso cumplir si se quiere conseguir un fin concreto. Ej.: “Para ser feliz tienes que…
  • Los imperativos categóricos son aquellos que han de ser cumplidos sin una finalidad exterior, sino por sí mismos.

Éste último tipo de imperativos son en los que se enuncia la ley moral universal. Un imperativo categórico no debe ser cumplido con un fin concreto (ni siquiera paz ni felicidad) porque entonces se convertiría un imperativo hipotético. Debe ser cumplido por sí mismo, porque es la expresión de lo que la propia mente humana (considerada como un todo universal) juzga como bueno o malo. Y es por eso precisamente por lo que la ley moral universal es imperativo categórico: por su carácter universal y sin excepciones.

O dicho de otra manera: hay que cumplir el deber porque para eso es el deber, y no pensando en que con ello vayamos a encontrar la felicidad ni cualquier otro fin.

Kant da varias formulaciones de imperativo categórico, pero todas abundan en el mismo esquema: “Obra según una máxima que te permita al mismo tiempo creer que esa máxima pueda ser una ley universal”.

Debido a la condición de juicio a priori que tiene el imperativo categórico, de él no se pueden deducir todos los juicios posibles. Es la propia ley moral universal la que se aplica en cada caso práctico y mediante ella se juzga la bondad de las acciones.

La moral formal[editar]

Desde el punto de vista de la acción, obrar bien o mal depende de la intención de la voluntad. Si el sujeto actúa siguiendo la ley moral universal, pero con un fin externo, como por ejemplo la felicidad, su acción no será totalmente buena, porque el imperativo categórico exige que se cumpla el deber por el deber.

Esta forma de entender la moral se llama moral formal, porque no atiende a lo que el sujeto hace, sino a la forma, la intención por la que lo hace.

La moral formal es además autónoma, porque proviene de la mente humana y su fin es guiar a la propia Humanidad. No ha venido ordenada por ningún poder divino ni impuesta por ningún gobierno humano.

Y es además universal: Tiene ese carácter que los clásicos atribuían a las ideas inteligibles. Todos los seres humanos cuerdos tenemos una mente racional y por lo tanto una razón, que puede usarse en su sentido teórico (ciencia) o en su sentido práctico (moral). Esa razón nos impone una ley moral universal, que los individuos cumplen más o menos debido a que la voluntad está condicionada también por el otro factor, que es la intención.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, Kant describe cómo podría ser el bien supremo: La primera condición es cumplir la ley moral universal, y a un cumplimiento perfecto lo llama virtud. Pero para llegar al bien supremo hay alcanzar primero ese “estado del ser en el que todo sucede según su voluntad”: hay que alcanzar la felicidad. Ahora bien, la felicidad no debe ser una condición de la virtud (que no tiene condiciones) sino una consecuencia posterior.

Los postulados de la razón práctica[editar]

De su estudio del hecho de la razón práctica, Kant deduce una serie de postulados, es decir, condiciones que deben existir para que tenga sentido la ley moral universal. Dado que la razón práctica existe y es universal, como hemos visto, y como no podría existir sin sus postulados, Kant afirma que éstos deben existir también. Con ellos quedaría contestada la cuestión ¿Qué puedo esperar? Los postulados de la razón práctica son:

  • La libertad: Si el ser humano no fuese libre de sus actos, no podría ejecutar el imperativo categórico: Como éste (por definición) existe para ser cumplido, no tendría sentido si los seres humanos no fuesen libres.
  • La inmortalidad: Para explicar este postulado tenemos que retomar el concepto del bien supremo. Éste dependía en primer lugar de la virtud, definida como cumplimiento perfecto de la ley moral universal, como consecuencia sobrevenía la virtud. Pero ocurre que en la vida real (sensible) esto no suele ocurrir. Es más: casi podemos decir que no ocurre nunca, salvo contadísimos casos. Sólo podría darse en el caso de que el alma fuera inmortal.
  • La virtud puede definirse también como una concordia entre la voluntad y la ley moral universal. Pero esta concordancia absoluta es la santidad, un estado al que el alma aspira pero que es muy difícil alcanzar en el breve transcurso de la vida. Por lo tanto, como el alcance de la virtud es un proceso casi infinito, la razón debe ser inmortal.


  • Dios. Su demostración también parte del concepto de bien supremo. Dado que el bien supremo existe (existen la virtud la felicidad), pero que es casi imposible de alcanzar, debe existir un ser superior, omnipotente y omnisciente que garantice a los individuos la posibilidad de alcanzar la felicidad por medio de la virtud. Como los demás postulados, su existencia es necesaria para sustentar la teoría de la razón pura, ya que si la felicidad y el bien supremo no estuviesen garantizados la ley moral universal no tendría razón de ser.

A pesar de haber sido deducidos categóricamente, estos postulados no tienen soporte empírico, y por tanto no pueden ser estudiados por la razón pura, al igual que les pasaba a las ideas trascendentales de la Metafísica. Su existencia para la mente humana permanece en el campo de la fe.

La paz perpetua[editar]

Entre las obras menores de Kant se encuentra uno de los cuadernos sobre política y sociología que escribió en torno al año 1795. En él proponía una serie de propuestas para conseguir una situación duradera de paz entre las Estados. Kant manifiesta pacifismo realista al afirmar que esta ansiada situación internacional no se producirá por un cambio de conciencia de los seres humanos ni por intervención divina, sino que habría de ser el esfuerzo por parte de los legisladores y gobernantes lo que crease un marco jurídico y legal favorable. Esas propuestas se pueden resumir en las siguientes:


  • Ningún Estado debe inmiscuirse en asuntos relativos a otro, lo que incluye ocupación militar, anexión por herencia dinástica o cualquier otra circunstancia. Aunque un Estado sufriese revueltas internas o separatistas, la intromisión de un Estado ajeno causaría aún más problemas en lo referente a la soberanía de los territorios ocupados y las libertades individuales.
  • Una Autoridad supranacional sería la encargada de resolver los conflictos entre Estados para evitar la situación de guerra constante a la que se tiende por desidia. Ésta únicamente estaría autorizada a permitir la intervención en la política de un Estado en el caso de que éste se hallase en una situación de secesión, en la que varios Estados nuevos, que representasen partes distintas del país, reclamasen la soberanía del Estado antiguo en su totalidad.
  • Esta Autoridad supranacional estaría constituida por la civitas gentium, un organismo mundial en el que estuvieran representados todos los pueblos del mundo a través de un proceso federativo. De esta forma, cualquier enfrentamiento entre Estados pasaría a ser un problema global, que todo el resto de cosmopolitas estaría interesado en solucionar.
  • Dado que los ciudadanos de cada Estado son los principales perjudicados en caso de guerra, La mejor forma de que un Estado sea pacífico es que su forma de gobierno sea republicana (Kant se refiere a democrática), es decir, gobernado por el pueblo. Con un gobierno autoritario o monárquico, el gobierno estaría en manos de quienes no comparten los beneficios de la paz.
  • Los ejércitos regulares deberían desaparecer con el tiempo, ya que su sola existencia es una amenaza de guerra constante. Además, de acuerdo con la ley moral universal, los soldados no dejan de ser individuos, que no tienen el deber de cumplir más órdenes que las de la propia razón práctica, por lo que la jerarquía militar no tiene aprobación moral.

Obras[editar]

Del período precrítico[editar]

  • Pensamientos sobre la verdadera estimación de las fuerzas vivas (Gedanken von der wahren Schätzung der lebendigen Kräfte) (1747).
  • Historia general de la naturaleza y teoría del cielo (Allgemeine Naturgeschichte und Theorie des Himmels) (1755). En español: trad. de J.E. Llunqt; Juárez Editor. Buenos Aires, 1969 (sin ISBN).
  • Nueva dilucidación de los primeros principios del conocimiento metafísico (Principiorum primorum cognitionis metaphysicae nova dilucidatio) (1755). En Disertaciones latinas de Kant. Traducción de Juan David García Bacca. Universidad Central de Venezuela, Caracas, 1974.
  • Nuevo concepto del movimiento y el reposo (Neuer Lehrbegriff der Bewegung und Ruhe und der damit verknüpften Volgerungen in den ersten Grunden der Naturwissenschaft) (1758).
  • La falsa sutileza de las cuatro figuras del silogismo (Die falsche Spitzfindigkeit der vier syllogistischen Figuren erwiesen) (1762).
  • Ensayo para introducir el concepto de magnitudes negativas en la filosofía (Versuch, den Begriff der negativen Größen in der Weltweisheit einzuführen) (1763).
  • El único fundamento posible de una demostración de la existencia de Dios (Der einzig mögliche Beweisgrund zu einer Demonstration des Daseins Gottes) (1763). En español: trad. de J.M. Quintanas; Barcelona, PPU, 1989 (ISBN 84-7665-474-X).
  • Observaciones sobre el sentimiento de lo bello y lo sublime (Beobachtungen über das Gefühl des Schönen und Erhabenen) (1764). Trad.: Alianza Editorial, Madrid, 2008. (ISBN 978-84-206-6196-4)
  • Sobre la nitidez de los principios de la teología natural y de la moral (Untersuchung über die Deutlichkeit der Grundsätze der natürlichen Theologie und Moral) (1764).
  • Los sueños de un visionario explicados por los sueños de la metafísica (Träume eines Geistersehers erläutert durch Träume der Metaphysik) (1766). Traducción: Alianza, Madrid, 1987. (ISBN 84-206-0271-X)
  • Sobre el fundamento primero de la diferencia entre las regiones del espacio (Von dem ersten Grunde des Unterschiedes der Gegenden im Raume) (1766).
  • Disertación inaugural (De mundi sensibilis atque intelligibilis forma et principiis) (1770). CSIC, Madrid, 1961.
  • Aufsätze, das Philantropin betreffend (1776-1777), en Pedagogía, Akal, Madrid, 1983.

Del período crítico[editar]

  • Crítica de la razón pura (Kritik der reinen Vernunft). (178], 2ª edic. 1787).
  • Prolegómenos a toda metafísica futura que pueda presentarse como ciencia, (Prolegomena zu einer jeden künftigen Metaphysik, die als Wissenschaft wird auftreten können) (1783).
  • Respuesta a la pregunta: ¿qué es ilustración? (Beantwortung der Frage: Was ist Aufklärung?) (1784).
  • Idea para una historia universal en sentido cosmopolita (Idee zu einer allgemeinen Geschichte in weltbürgerlicher Absicht) (1784).
  • Fundamentación de la metafísica de las costumbres, (Grundlegung zur Metaphysik der Sitten) (1785). Trad. de Manuel García Morente: Madrid, Espasa-Calpe, 1994 (ISBN 84-239-1940-4).
  • Recensiones de las «Ideas para una filosofía de la historia de la humanidad» de Herder (Recensionen von J. G. Herders «Ideen zur Philosophie der Geschichte der Menschheit») (1785).
  • Principios metafísicos de la ciencia de la naturaleza (Metaphysische Anfangsgründe der Naturwissenschaft) (1786). Trad. de C. Másmela, Alianza. Madrid, 1989 (ISBN 84-206-0394-5).
  • Probable inicio de la historia humana (Muthmaßlicher Anfang der Menschengeschichte) (1786).
  • ¿Qué significa orientarse en el pensamiento? (Was heisst: sich im Denken orientieren?) (1786). Trad. de C. Correas, Buenos Aires, Leviatán, 1982 (ISBN 950-01-6349-7).
  • Segunda edición de la Crítica de la razón pura (1787), con numerosas modificaciones.
  • Sobre el uso de los principios teleológicos en la filosofía (Über den Gebrauch teleologischer Principien in der Philosophie) (1788).
  • Crítica de la razón práctica (Kritik der praktischen Vernunft) (1788). Trad. de E. Miñana y Manuel García Morente, Madrid, Espasa-Calpe, 1981 (2ª edic.) (ISBN 84-239-1589-1). Trad. de Roberto R. Aramayo, Madrid, Alianza, 2000 (ISBN 84-206-3543-X).
  • Crítica del juicio (Kritik der Urteilskraft) (1790). Trad. de Manuel García Morente, Madrid, Espasa-Calpe, 1999 (8ª edic.) (ISBN 84-239-1967-6).
  • Primera introducción a la Crítica del juicio (Erste Einleitung in der Kritik der Urteilskraft) (escrito póstumo, redactado en (1790). Traducciones: Univ. de Buenos Aires, 1948; Buenos Aires, Juárez, 1969; Madrid, La Balsa de la Medusa - Visor Distr., 1987.
  • Sobre un descubrimiento según el cual toda nueva crítica de la razón pura resulta superflua frente a otra anterior (también conocida como Nueva crítica o Respuesta a Eberhard) (Über eine Entdeckung nach der alle neue Kritik der reinen Vernunft durch eine ältere entbehrlich gemacht werden soll) (1790). Trad.: Buenos Aires, Aguilar, 1968, 1973 (5ª ed.).
  • Sobre el fracaso de todos los ensayos filosóficos de Teodicea (Über das Misslingen aller philosophischen Versuche in der Theodizee) (1791).
  • ¿Cuáles son los progresos reales que la metafísica ha realizado en Alemania desde los tiempos de Leibniz y Wolff? (Welche sind die wirklichen Fortschritte, die Metaphysik seit Leibnizens und Wolffs Zeiten in Deutschland gemacht hat?) (texto póstumo fragmentario, escrito hacia 1791-1795; publicado por Rink en 1804). Trad. esp. con el título Los progresos de la metafísica desde Leibniz y Wolff, Madrid, Tecnos, 1987 (edic. de F. Duque) (ISBN 83-309-1403-X).
  • La religión dentro de los límites de la mera razón (Die Religion innerhalb der Grenzen der blossen Vernunft) (1793). Trad. de F. Martínez Marzoa, Madrid, Alianza, 1986 (ISBN 84-206-1163-8).
  • Sobre el dicho: Esto puede ser correcto en la teoría, pero no vale para la práctica (Über den Gemeinspruch: Das mag in der Theorie richtig sein, taugt aber nicht für die Praxis) (1793).
  • El fin de todas las cosas (Das Ende aller Dinge) (1794).
  • La paz perpetua (Zum ewigen Frieden, ein philosophischer Entwurf) (1795).
  • Metafísica de las costumbres (Metaphysik der Sitten) (1797). Trad. esp. La metafísica de las costumbres. Madrid, Tecnos, 1989, 1994 {ISBN 84-309-1686-5}. Traducción parcial (de la Rechtslehre solamente): Principios metafísicos de la doctrina del derecho. México, Universidad Nacional Autónoma de México, Colección Nuestros Clásicos. 1977.
  • Revisión de la pregunta: si el género humano progresa continuamente hacia lo mejor (Erneuerte Frage: Ob das menschliche Geschlecht im beständigen Fortschreiten zum Besseren sei) (1797).
  • El conflicto de las facultades (Der Streit der Fakultäten), (1798). Trad. esp. de R. R. Aramayo (como La contienda entre las facultades de filosofía y teología): Madrid, Trotta, 1999 (ISBN 84-8164-323-8).
  • El poder de las facultades afectivas (1798).
  • Antropología en sentido pragmático (Anthropologie in pragmatischer Hinsicht) (1798). Trad. de José Gaos. Revista de Occidente, Madrid, 1935; reed.: Madrid, Alianza, 1991 (ISBN 84-206-0526-3).
  • Lógica (Logik. Ein Handbuch zu Vorlesungen), publicada por Jäsche). Trad.: Madrid, Akal, 2000 (ISBN 84-460-1112-3).
  • Geografía física (Immanuel Kants physische Geographie. Auf Verlangen des Verfassers aus seiner Handschrift herausgegeben und zum Theil bearbeitet von D. Friedrich Theodor Rink) (1802).
  • Pedagogía (Pädagogik. Herausgegeben von D. Friedrich Theodor Rink) (1803). Trad. de L. Luzuriaga y J.L. Pascual, Madrid, Akal, 1983.
  • Transición desde los primeros fundamentos metafísicos de la ciencia natural a la Física (Vom Übergange von den metaphysischen Anfangsgründen der Naturwissenschaft zur Physik) (1888, edición de Krause). Obra fragmentaria inconclusa que forma parte del Opus postumum.
  • Opus postumum (colección de obras inconclusas) (1920). Trad.: Barcelona, Anthropos, 1991, edic. de F. Duque (ISBN 84-7658-269-2).
  • Antropología Práctica (manuscrito inédito de 1785). Editorial Tecnos, Madrid, 1990.

Colecciones y otras ediciones[editar]

  • Kant, Immanuel. Obra Completa. Cartoné. Biblioteca de Grandes Pensadores. Madrid: Editorial Gredos.
  1. Volumen I {2010, ISBN 9788424904272}
  • Filosofía de la Historia (compilación de varios escritos kantianos). Fondo de cultura Económica, México, 1941. 4ª reimpresión en 1992. Incluye: Qué es Ilustración, Idea de una historia en sentido cosmopolita, Comienzo presunto de la Historia, El fin de todas las cosas, Si el género humano se halla en progreso constante.
  • Ideas para una historia universal en clave cosmopolita y otros escritos sobre Filosofía de la Historia. Madrid, Tecnos, 1987 (ISBN 84-309-1415-3). Incluye Ideas para una Historia universal en clave cosmopolita (sic, el título original es en singular), Recensiones sobre la obra de Herder «Ideas para una filosofía de la historia de la humanidad», Probable inicio de la Historia humana, Replanteamiento sobre la cuestión de si el género humano se halla en continuo progreso hacia lo mejor.
  • Opúsculos de filosofía natural. Madrid, Alianza, 1992; edic. de Atilano Domínguez (ISBN 84-206-0584-0). Incluye: Breve bosquejo de unas meditaciones sobre el fuego (1755), Uso de la metafísica unida con la geometría en la filosofía natural, cuyo primer bosquejo contiene la monadología física (1756), Nueva doctrina del movimiento y del reposo y de las consecuencias con ello ligadas en los primeros principios de la ciencia de la naturaleza (1758), Ensayo para introducir las magnitudes negativasen la filosofía (1763), Sobre el primer fundamento de la distinción de las regiones dentro del espacio (1768).

Bibliografía[editar]

  • Arendt, Hannah. Lectures on Kant's Political Philosophy. Chicago, 1982.
  • Aubenque, Pier. La prudence chez Kant. Revue de Métaphysique et de Morale, 1975.
  • Belandria, Margarita. Estructura ontológica del sujeto práctico kantiano. En Revista Dikaiosyne Nº 2. Universidad de Los Andes,Mérida - Venezuela, 1999.
  • Cassirer, Ernst. Kant, vida y doctrina. FCE. México, 1948; 1993 (5ª reimpr.). ISBN 84-375-0364-7
  • Deleuze, Gilles. La Filosofía crítica de Kant. Ed. Cátedra. Madrid, 1997.
  • Ferrari, Jean. Kant. EDAF, Madrid,1981.
  • Gaos, José. Las 'Críticas' de Kant. Universidad Central de Venezuela. Caracas, 1962.
  • García Morente, Manuel. La filosofía de Kant. Espasa-Calpe. Madrid, 1975.
  • Jaspers, Karl. Kant. Leben, Werke und Wirkung. R. Piper. München, 1975.
  • Martínez Marzoa, Felipe. Releer a Kant, Barcelona, 1989.
  • Martínez Marzoa, Felipe. Desconocida raíz común: (estudio sobre la teoría kantiana de lo bello), Madrid, 1987.
  • Moya, Eugenio, ¿Naturalizar a Kant? Criticismo y modularidad de la mente, Madrid, Biblioteca Nueva, 2003.
  • Moya, Eugenio, Kant y las ciencias de la vida, Madrid, Biblioteca Nueva, 2008.
  • Alexis Philonenko. L'oeuvre de Kant. 2 vols. París, Vrin, 1969. Vol. 1, 1996 (6ª edic.) {ISBN 2-7116-0602-3}; vol. 2, 5ª ed., 1997 {ISBN 2-7116-0603-1}.
  • Rosales, Alberto. Siete ensayos sobre Kant. Universidad de los Andes. Mérida - Venezuela, 1993.
  • Ross, David. Kant's Ethical Theory. Oxford, 1969.
  • Teruel, Pedro Jesús. Mente, cerebro y antropología en Kant. Madrid, 2008.

Enlaces externos[editar]